Los cuerpos disidentes

Al charlar del cuerpo no podemos pensarlo tal y como si se tratase de una idea. Resulta necesario ubicarlo en el tiempo y espacio como la experiencia del ser y del estar en el planeta. Esto quiere decir que en todos y cada instante de la historia y en todos y cada cultura, se han normado los cuerpos para asignarles lugares y propósitos conforme a su sexo.

La tradición filosófica griega heredó una idea de la existencia humana que pone por una parte al cuerpo y por el otro a la psique, y alejadísima a la naturaleza. Plantea una idea universal de la experiencia humana como el ser hombre, como el escogido para hacer política en el espacio público. Con el cristianismo el cuerpo pasó a tener un papel más esencial por ser el espacio en el que se consumaban los pecados y la mujer, por las peculiaridades de su corporalidad, culpable de estos y la síntesis de la expresión mefistofélica. Las desigualdades se justificaron.

Con la implantación del capitalismo se han ido mejorando las prácticas que pusieron a los hombres al servicio de la producción y a las mujeres en la reproducción de la vida hasta llegar a la disciplina de las maquilas, de las horas/nalga en las oficinas y las súper mujeres que ya no son responsables solo de la casa, sino más bien de hacer política, cuidar de la familia, compartir -o bien no, en el caso de las migraciones- las deudas y querer al hombre de la casa.

Las presiones socioeconómicas y culturales que impone el modelo de producción capitalista neoliberal están marcadas por la industria cosmética, la moda, la medicina, la nutrición y el deporte, las que crean patrones que precisan de consumo de muchos productos para procurar lograr el modelo anatómico. Se ha producido una corporalidad que niega la diversidad y busca implantar patrones de belleza, sueños, voluntades, sexualidades y formas de ocio que sirven para mantenerlo.

Asimismo hay un impacto sobre nuestros cuerpos cuando se procura supervisar las relaciones con el Estado en una forma de ciudadanía. El neoliberalismo, por servirnos de un ejemplo, trata de crear individuos sin memoria que expresan viejas prácticas patriarcales que reproducen la exclusión, jerarquías, violencias, autoritarismos y las democracias falsas que no responden a la necesidad de todas y cada una de las experiencias de vida. Ahí están las instituciones controlando la natalidad de las mujeres y criminalizando el aborto, como refrenando y desapareciendo a las voces disidentes, sean mujeres o bien hombres, estudiantes o bien profesionales, campesinos, activistas…

Las nuevas tecnologías asimismo nos ubican de forma diferente en el espacio y han dado sitio a otro género de relaciones entre humanos, si bien no acaban de difuminar las desigualdades o bien las exclusiones pactadas por la clasificación y segregación de los cuerpos, ahora asimismo cibernéticos.

Experiencias disidentes

El cuerpo de las mujeres ha sido uno de los más colonizados en la historia de la humanidad, es ahí donde se sintetiza la opresión de la palabra, la escritura y la sexualidad. Y es en exactamente el mismo donde se hallan las claves para su liberación.

Saber que han estado expropiados, disciplinados y subordinados nos hace meditar en lo esencial que es recobrarlos, reconocerlos, saber de qué forma marchan o bien de qué manera se entrelazan sus diferentes planos: físico, mental, espiritual, sexual y onírico, entre otros muchos. Esto implica salvar epistemologías o bien cosmovisiones que proponen formas de comunicación más integrales con nuestro cuerpo, con el objetivo de ser más conscientes sobre de qué forma aceptamos la subordinación, mas asimismo de qué forma generamos instantes de disidencia que nos conducen cara otras formas de ser y de estar en el planeta.

Aunque existen muchas cosas que puede hacer el Estado, como reconocer nuestra ciudadanía o bien asegurar el acceso a la salud sexual y reproductiva de las mujeres, asimismo hay en nosotras mucha información que nos dejará generar el gozo, el erotismo, la sexualidad, la autodeterminación, la autonomía; prácticas opciones alternativas de salud física, mental y espiritual; de educación, nutrición y justicia; como la construcción de relaciones no patriarcales con otros seres vivos.

Si los instantes de la historia y los distintos espacios han producido y reproducido cuerpos que sirven para afianzar el poder dominante, un programa político de emancipación implica tener en cuenta que la expe¬riencia de vida se específica en el lenguaje, el pensamiento, los sentimientos, las experiencias sexuales y el ejercicio del poder, como en el acceso a la salud, la nutrición la educación y la justicia. Una propuesta integral que debería superar las jerarquías.

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